Una llama
me vibra
me baila
en la boca del estómago.
Quema,
quema mis
alientos
oxígeno
y músicas.
Se aviva,
trepa y escala
provocando
desprendimientos de ilusión
y otros cuerpos rocosos.
Quema la llama
que en el día largo,
quiere mis cenizas.
Cuando llega al alma
se olvida de arder,
se olvida de ser llama
y la espiral negra de miedo
que había crecido en mi vientre
me devuelve a mi cama
empapada de fantasmas grises...
Jamás volveré a jugar con fuego
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