viernes, 29 de agosto de 2014

Escribiendo...





Escribo

y no sé por qué.
Escribir como fin,
escribir por la letra,
por el trazo,
escribir porque uno siente,
porque uno se siente,
escribir sin saber cómo,
escribir de rutina
o haciendo el pino,
escribir en servilletas
o escribirse en la piel,
escribir de memoria,
a oscuras;
todos lo hemos vivido.

¿Escribo para no olvidar,
escribo para construir
o destruir,
escribo para encontrarme
o para volver a perderme,
escribo para saberme
un poco más mío,
escribo para tener un rincón
ni mío ni de nadie
que no se puede dominar?
¿Escribo por inercia,
por intervención mística,
por locura,
por las cuerdas que me faltan,
por neurótico,
por vaciarme o dejarme vaciar,
por llenar las paredes de garabatos,
por no sentirme solo en el mundo,
por no sentir el mundo que es uno sólo,
por echarme a volar con mis papeles,
por artista frustrado,
por lobo sin manada,
por vivir a medias tintas,
por contar los problemas con los dedos de la mano,
por narrar historias sin dueño,
por mentir a mansalva y mentirme a mí mismo?


Sin saber, escribo.

Para saber, escribo.



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